miércoles, 25 de noviembre de 2015

Alguna de esas veces

 Jair Valdés.


Alguna de esas veces ocurren los sueños que en pasados días soñabas y suspirabas por pensarlos, anhelabas un día vivirlos. ¿Por qué se te ocurría a los dieciséis  años escribir?, ¿Por qué te gustaba tanto la radio, el rock, el teatro, la música clásica?, ¿Por qué la fijación por las calles de adoquín o llenas de piedras de río, cuyo caudal a veces es de agua de lluvia, otras tantas de la luz de los faroles viejos y muchas veces de tu llanto?

Se ha ido el mar del pacífico, se fue el dinero y los paseos en California o Nueva York, se fue el poder de asesinar a la tierra y a los animales, se fue la vida llena de hedonismo y narcisismo, incluso muchas veces se ha ido el deseo de la vida larga y decrepita, inútil si no hay amor, ese amor de los amorosos del que hablaba Jaime Sabines de ese amor de aquellos que, qué bueno siempre han de estar solos.

Alguna de esas veces ocurren los sueños que en pasados días se te ocurrían, de pronto recorres las plazas, los jardines, los tiempos, los ocasos y los rayos de luna que esperabas fueran tuyos, aunque sea por no sé cuánto tiempo, pero tiempo lleno de paz y de cierta inquietud ansiosa, porque finalmente somos seres humanos, educados bajo la costumbre y la idea del control, el poder y la posesión.

Todo ocurre alguna vez,  todo se vive y se materializa en algún momento, por lejos que parezca el sol en el ocaso, mientras las olas violentas y constantes, te traen a los pies inestables lo que precisamente el mar suele traer, todo ocurre alguna vez, y mientras le das la espalda al mar y la luna ilumina tu lado oscuro, sigues luces artificiales que sin duda no son de las estrellas.

Si de viejo no he de ser amoroso loco y solitario, entonces deberé estar envuelto en petates, otorgado a la tierra como abono, lejos de todo sueño que perseguir, lejos de todo sueño que anhelar, de todo peligro que correr, si alguna de esas veces no estás tú, que serás la luz de las estrellas que me deje sorprendido, entonces debo parar y decirle a mis pies que no te sigan más, que toque el músico las notas que saben hacerme vibrar el alma.


Alguna de esas veces se cumplen los sueños, como si fuera un checklist al cual uno sonríe por la satisfacción que da despertar, abrir los ojos estando despierto y notar que suenan las notas de la guitarra que hacen resonar y quebrar el corazón, pero también hay pesadillas que quiebran el alma y nos reducen, nos desgastan y no borran como materia en la concepción de vida que hemos creado los seres humanos, pero permanecemos en el tiempo, porque alguna de esas veces se cumplen los sueños.